Es domingo por la tarde, los deberes de matemáticas se han atascado otra vez en las fracciones y, mientras buscas ayuda en el móvil, aparece el anuncio perfecto: un tutor con inteligencia artificial que se adapta al ritmo de tu hijo, le habla, le hace preguntas, celebra sus aciertos. Detrás vienen otros cinco, casi idénticos. "Personalizado." "Adaptativo." "Como un profesor particular, pero disponible 24 horas."
El problema no es que esas promesas sean falsas. Es que, desde fuera, todas suenan igual, y la diferencia real entre unas y otras está en un sitio que los anuncios nunca enseñan: la evidencia.
La escalera de la evidencia
Antes de mirar apps concretas conviene tener un mapa. No toda "prueba" vale lo mismo, y en tecnología educativa hay básicamente tres peldaños:
Testimonios: familias contentas, valoraciones de cinco estrellas, casos de éxito. Son sinceros, pero no distinguen si el niño mejoró por la app, por el esfuerzo extra de la familia o porque ya iba a mejorar igualmente.
Datos de la propia empresa: encuestas a sus usuarios, notas antes y después. Mejor que nada, pero sin grupo de comparación no sabemos qué habría pasado sin la app.
Ensayos aleatorizados: se reparte a los alumnos al azar entre quienes usan la herramienta y quienes no, y se compara. Es el único método que permite atribuir la mejora a la herramienta.
Un dato de contexto que ayuda a leer las cifras: en los ensayos educativos rigurosos, el efecto medio de una intervención ronda las 0,10 desviaciones estándar. Cualquier resultado por encima de eso ya es notable.
Con ese mapa, vamos a las apps.
Las más vistosas: mucha promesa, poca prueba independiente
Synthesis Tutor es probablemente la más llamativa del momento, y ya está disponible en español. Es un tutor de matemáticas para niños de 5 a 11 años que funciona por voz: el niño razona en alto y la IA le responde, detecta malentendidos y ajusta la dificultad. Tiene un origen con titular: nace de la escuela experimental que su fundador, Josh Dahn, montó en 2014 dentro de SpaceX a petición de Elon Musk. Su enfoque socrático y sus "microevaluaciones" dentro de cada lección son pedagógicamente sensatos. Pero, a día de hoy, su web no cita ningún estudio independiente de eficacia: lo que ofrece son testimonios de familias y el dato de que la usan decenas de miles de ellas. Las reseñas independientes coinciden en que encaja muy bien con niños automotivados o avanzados, y menos con el resto.
Smartick es la opción española más conocida: sesiones de 15 minutos al día con ejercicios que la IA adapta al nivel de cada niño. La empresa publica cifras llamativas (que el 94% de sus alumnos mejora en cálculo y resolución de problemas, o que suben su nota media en casi dos puntos), pero proceden de encuestas y datos propios, no de un ensayo con grupo de comparación.
Nada de esto significa que sean malas apps. Significa que, por ahora, no sabemos con rigor cuánto ayudan, ni a quién.
El tutor que casi nadie usó
El caso más instructivo no es el de una app sin estudios, sino el de una que sí lo tiene. Khanmigo, el tutor de IA de Khan Academy, está diseñado justo como recomiendan los expertos: no da la respuesta, guía con preguntas. Un ensayo de dos años en 18 centros de secundaria de Tennessee, dirigido por Philip Oreopoulos (Universidad de Toronto), lo puso a prueba con alumnos de rendimiento bajo.
El resultado tiene dos caras. El acceso fue casi universal: el 96% de los alumnos lo probó al menos una vez. Pero el uso real fue escaso: el alumno típico solo le escribió en un tercio de los días en que practicaba, y solo en el 17% de las sesiones en las que se equivocaba, que es justo cuando un tutor sirve. Muchos mensajes eran respuestas sueltas, clics en sugerencias o intentos de sacarle la solución directa. Los alumnos sí mejoraron, pero los investigadores atribuyen la mejora sobre todo a la práctica de Khan Academy, no al chatbot.
La conclusión de los autores es de las que conviene apuntar: "la atención humana es el ingrediente clave". O, como lo resume Oreopoulos: si un alumno con ganas quiere usar la tecnología como un buen tutor, está lista; el problema es que la mayoría no la usa así.
Las que sí tienen ensayos (y no son las más vistosas)
Eedi, una plataforma británica de matemáticas, se diseñó alrededor de algo muy concreto: diagnosticar el error exacto que comete cada alumno. Su tutor de IA está deliberadamente limitado y solo entra en juego cuando el alumno ha fallado una pregunta concreta. En un ensayo aleatorizado con 2.901 alumnos de 11-12 años en 20 colegios del Reino Unido (curso 2023-2024), los que usaron Eedi ganaron el equivalente a unos dos meses extra de progreso (efecto de 0,17). Los que lo usaban de forma regular, apenas 10-15 minutos a la semana, duplicaron ese efecto. Dos matices honestos: el ensayo lo encargó la propia Eedi, aunque lo realizó un equipo de evaluación externo; y el grupo de comparación no estaba "sin nada", sino que en su mayoría usaba otras plataformas digitales, lo que hace el resultado más exigente.
ASSISTments es, de todas, la que tiene la evidencia más sólida, y quizá la menos glamurosa. No es un chatbot: da feedback inmediato mientras el alumno hace los deberes de matemáticas y prepara informes para que el profesor sepa qué repasar al día siguiente. Lleva dos grandes ensayos aleatorizados con alumnos de 12-13 años: uno en Maine (46 colegios, 3.050 alumnos), con una mejora equivalente al 60% de lo que se avanza normalmente en un curso, y una réplica en Carolina del Norte (63 colegios, 9.073 alumnos) cuyos efectos se mantenían un año después. Eso le vale la máxima calificación ("Top Tier") de Evidence-Based Programs. Y un detalle importante: el efecto fue mayor en los alumnos que partían con peor nivel. Su limitación para una familia española es práctica: está pensada para usarse a través del colegio y su contenido sigue el currículo de Estados Unidos.
Lo que tienen en común las que funcionan. Si se ponen en fila las herramientas con mejores pruebas, el patrón es claro, y no tiene que ver con lo sofisticada que sea la IA:
Actúan sobre el error concreto, no sobre el tema en general. Detectan qué ha fallado exactamente y responden a eso.
Dan pistas o feedback, no la respuesta. El esfuerzo sigue siendo del niño, que es lo que ya contamos en La IA que hace mejor a tus hijos en clase (y la que los hace peor) es la misma IA.
Piden poco tiempo, pero con constancia. En Eedi, 10-15 minutos a la semana de uso regular bastaron para duplicar el efecto.
Mantienen a un adulto en el circuito. En ASSISTments, el profesor recibe los informes; en Khanmigo, según sus propios investigadores, lo que faltó fue precisamente atención humana.
Cinco preguntas antes de pagar la suscripción
Ya vimos en Papitek qué preguntar antes de confiar en cualquier app educativa con IA. Para las de matemáticas, estas cinco son las que más filtran:
A. ¿Hay algún estudio con grupo de comparación, o solo testimonios? Busca en la web de la app una sección de investigación. Si solo hay opiniones de familias, trátala como una apuesta, no como una garantía.
B. ¿Quién ha hecho el estudio? Un ensayo encargado por la empresa no es inválido, pero vale más si lo ejecuta un equipo externo y publica sus métodos.
C. ¿Da la respuesta o da pistas? Haz la prueba: equivócate a propósito y mira qué hace. Si te corrige y te explica por qué, bien. Si te da el resultado sin más, mal.
D. ¿Cuánto tiempo pide y con qué frecuencia? Desconfía de las que necesitan horas. Las que funcionan suelen pedir poco tiempo de forma constante.
E. ¿Qué papel te deja a ti? Las mejores herramientas te cuentan en qué se atasca tu hijo para que puedas acompañarle. Si la app promete que ya no tendrás que hacer nada, es justo lo contrario de lo que dice la evidencia.
Un buen entrenador no corre por ti
Un buen entrenador de atletismo no te lleva a hombros hasta la meta. Te mira correr, detecta el gesto que falla, te corrige ese gesto y te deja volver a intentarlo. Con las apps de matemáticas pasa lo mismo: las que funcionan no son las que parecen más inteligentes, sino las que se parecen más a ese entrenador. Detectan el error, dan la pista justa y dejan el esfuerzo donde tiene que estar, sin dejar de lado al adulto que acompaña.
La próxima vez que un anuncio te prometa un tutor que lo hace todo, quizá la pregunta no sea "¿cuánto cuesta?", sino esta: ¿qué pruebas tiene de que tu hijo va a aprender, y no solo a terminar los deberes?


