Son las siete de la tarde y tu hijo cierra el portátil: "Ya está, deberes hechos". Y a ti te sale la pregunta de siempre, la que casi nunca lleva a nada bueno: "¿Lo has hecho tú o la IA?". Él se encoge de hombros, tú te quedas con la duda y la conversación termina ahí.
Sé lo que estás pensando: que el colegio debería tener esto resuelto. Pues algo se está moviendo. En septiembre, el Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación del Profesorado (INTEF), dependiente del Ministerio de Educación, publicó la versión 2.0 de su Guía sobre el uso de la inteligencia artificial en el ámbito educativo. Son 105 páginas pensadas para docentes y centros, pero con mucho que interesa a las familias. Y empieza por cambiar la pregunta.
De "¿la usa o no?" a "¿cómo, para qué y en qué condiciones?"
La primera versión de la guía es de 2024. Desde entonces, reconoce el propio documento, la IA "ha pasado de percibirse principalmente como una novedad tecnológica a consolidarse como una realidad presente en la vida cotidiana". Nuestros hijos la usan a diario, muchas veces dentro de apps que no la anuncian como tal.
Por eso la nueva versión no pierde tiempo en el debate de prohibir o permitir. Lo dice con claridad: "La cuestión central no debe ser, por tanto, si se utiliza o no IA, sino cómo, para qué y en qué condiciones". Y deja claro desde el principio que la IA "no sustituye el papel del docente".
No es una ley ni una norma de obligado cumplimiento: son orientaciones. Se apoyan en el Reglamento europeo de IA, en el nuevo marco europeo de competencia digital (DigComp 3.0) y en el marco de alfabetización en IA que la OCDE y la Comisión Europea han publicado este año para primaria y secundaria. Se puede descargar gratis y tiene licencia abierta.
La guía no pide elegir entre la IA o el cuaderno: pide criterio.
Aprender para, con y sobre la IA
El corazón de la guía es una idea sencilla de recordar. Con la IA se puede aprender de tres maneras:
Aprender para la IA: desarrollar el criterio para decidir cuándo, cómo y para qué usarla, manteniendo siempre el control humano. En las etapas iniciales propone "curiosidad guiada y simulaciones seguras" antes de que el alumnado acceda a las herramientas por su cuenta.
Aprender con la IA: usarla como apoyo para estudiar, crear o practicar, no como atajo.
Aprender sobre la IA: entender qué es, cómo aprende a partir de datos y por qué puede equivocarse o tener sesgos.
Dentro de esos enfoques, la guía distingue cuatro ámbitos de lo que llama alfabetización en IA: interactuar con ella, crear con ella, gestionarla y "modelarla", es decir, entender cómo se construye. Lo más útil para hacerse una idea son los ejemplos de aula del anexo. En Infantil y Primaria, por ejemplo, el docente proyecta dos respuestas a una pregunta trabajada en clase: una correcta y otra generada por IA con errores. Por parejas, los niños marcan en colores lo correcto, lo dudoso y lo falso, y explican por qué. En otra actividad, "El Robot Traductor", un alumno hace de traductor automático que solo puede seguir reglas literales, y la clase descubre por qué traducir palabra por palabra no funciona.
Ninguna de las dos necesita una pantalla. Y las dos enseñan algo que cualquier padre querría para sus hijos: no creerse a la primera lo que dice una máquina. Si quieres ideas para empezar esa conversación con los más pequeños, en Papitek ya contamos cómo explicar la inteligencia artificial a los niños pequeños.
Los riesgos, con nombre propio
Lo que más nos ha gustado de la guía es que no se queda en un "cuidado con la IA" genérico. Pone nombre a lo que muchos padres intuimos en casa. Para el documento, "el peligro real no reside en la tecnología en sí, sino en una 'delegación ciega'". Y la desglosa:
Ilusión de competencia: creer que has entendido algo porque la IA te ha dado una respuesta clara y bien escrita, sin haber hecho el esfuerzo de construirla.
Trampa de la conveniencia: como es rápida y cómoda, acaba siendo la única fuente, y se deja de buscar, contrastar y verificar.
Sedentarismo cognitivo: su uso continuado como sustituto del esfuerzo puede debilitar la memoria, la comprensión, la escritura o el razonamiento.
Brecha de equidad: el alumno que sabe usarla con criterio saca mucho partido; el que no, la usa de forma superficial. La IA puede ampliar las diferencias en lugar de reducirlas.
Las medidas que propone son muy concretas: hacer visible el proceso y no solo el resultado, pedir pequeñas defensas orales, diseñar tareas con fricción productiva (que obliguen a argumentar y contrastar) y garantizar "una práctica deliberada y frecuente sin asistencia de IA en tareas clave, especialmente durante las fases iniciales del aprendizaje". Es la misma idea que vimos al contar que la IA que hace mejor a tus hijos en clase es la misma que los hace peor: depende de si piensa por ellos o les ayuda a pensar.
La IA no es el problema. El problema es dejar de pensar porque ella lo hace por nosotros.
Lo que la guía dice de las familias
Aunque está escrita para el profesorado, la guía reserva un papel claro a las familias: el de "personas adultas de confianza" que acompañan y orientan, y que pueden reforzar en casa lo que se trabaja en clase con conversaciones sobre el uso de la IA, incluso sobre cuestiones que quizá no puedan tratarse en el colegio.
Hay además tres detalles que conviene conocer:
Los 14 años. Recuerda que, según la ley de protección de datos, un menor solo puede consentir por sí mismo el tratamiento de sus datos a partir de los 14 años. Por debajo, registrarse en una herramienta de IA requiere el consentimiento explícito de la familia.
Nada de datos personales. Advierte de que cualquier detalle que se comparte con estas herramientas puede almacenarse o reutilizarse, por lo que "debe evitarse introducir datos personales o sensibles". Y recomienda usar herramientas "que cuenten con el respaldo de las instituciones educativas", no la primera app que aparezca.
La estrategia del centro conviene que sea conocida. La guía propone que cada colegio integre la IA en su Plan Digital de Centro y considera "conveniente que esta estrategia sea accesible y conocida por toda la comunidad educativa", de forma que las familias comprendan sus objetivos, criterios y condiciones.
Ese tercer punto es, para nosotros, el más importante: te da pie para preguntar.
Tres herramientas que puedes conocer (y pedir)
La guía incluye en sus anexos materiales listos para usar. Merece la pena saber que existen:
Un modelo de declaración de uso de IA. Antes de entregar un trabajo, el alumno explica con honestidad si ha usado IA y para qué. Para el docente es una base para pedir aclaraciones o una defensa oral; para el alumno, una forma de reflexionar sobre su propio esfuerzo. La guía propone pedirla siempre, como forma de construir "un marco de confianza mutua".
Un cuestionario de reflexión para el alumnado. Pregunta con qué frecuencia usan la IA y para qué: buscar ideas, organizar el trabajo, corregir la ortografía... o "pedir que genere el texto, el resumen o las respuestas, y copiarlo para entregarlo". Contestarlo con sinceridad ya es un ejercicio de autoconocimiento.
Situaciones de aprendizaje por etapas, como las que hemos visto, que cualquier docente puede adaptar.
Por cierto, la declaración funciona igual de bien en casa. Al terminar los deberes, en vez de "¿lo has hecho tú o la IA?", prueba con: "¿En qué te ha ayudado la IA y qué parte has hecho tú?". La primera pregunta suena a interrogatorio; la segunda, a conversación.
Cinco preguntas para la próxima tutoría
Si quieres aprovechar la guía sin convertirte en el padre pesado del grupo de WhatsApp, estas preguntas son concretas y difíciles de contestar con un "ya lo estamos mirando":
A. ¿El plan digital del centro incluye ya la IA? ¿Podemos conocer qué usos se permiten y cuáles no?
B. ¿Qué herramientas de IA usa mi hijo en clase o en casa por indicación del colegio? ¿Tienen el respaldo de la administración educativa?
C. ¿Cómo se evalúa ahora un trabajo? ¿Se pide una declaración de uso de IA o se valora el proceso, por ejemplo con explicaciones orales?
D. ¿Hay momentos de aprendizaje sin IA? Sobre todo al empezar un tema nuevo, como recomienda la guía.
E. ¿Se trabaja la alfabetización en IA? Es decir, ¿se enseña a los alumnos cómo funciona, por qué se equivoca y cómo comprobar lo que dice?
No hace falta que el colegio tenga ya todas las respuestas: la propia guía insiste en que la estrategia debe revisarse y mejorarse con el tiempo. Pero preguntar ayuda a que el tema entre en la agenda.
Del "¿lo has hecho tú?" al "¿cómo lo has hecho?"
La nueva guía del INTEF no resuelve todas las dudas, ni lo pretende. Pero ofrece algo que faltaba: un lenguaje común para que docentes y familias hablemos de lo mismo cuando hablamos de IA en clase. Ilusión de competencia, fricción productiva, declaración de uso. Palabras que sirven tanto en una tutoría como en la mesa de la cocina.
Al final, el objetivo es el mismo en el aula y en casa: que nuestros hijos usen la IA sin dejar de pensar por sí mismos. La tecnología no debe ser un muro que nos separe de ellos, sino un puente para acompañarlos en su crecimiento.
¿Sabes ya qué dice el plan digital del colegio de tus hijos sobre la IA?


