Roblox y las Identidades Digitales
Del "pásame tu Insta" al "dame tu Roblox": cómo la identidad digital de los adolescentes se traslada a plataformas de juego que escapan al control parental y los riesgos que esto conlleva.
Hace unos días, la hija de unos vecinos, adolescente de 14 años, me comentaba que mientras estaba en la calle bailando y grabando unos TikTok con una amiga, unos chicos se acercaron a hablar con ellas. Lo que me llamó la atención de la historia es que los chicos “les pidieron el Insta y el Roblox”. Sabía que el Instagram actuaba desde hace años como una especie de identidad digital. Compartirlo suponía dar acceso a tu mundo online. Suponía permitir a la otra persona comunicarse contigo y ver todo aquello que quieras compartir.
Lo que desconocía era la popularidad de Roblox en ese sentido. Si un adolescente lo pide alegremente, es que se ha convertido en un estándar. Para aquellos que no lo conozcan, Roblox es una plataforma con estética Minecraft donde los usuarios pueden crear videojuegos que además actúan como espacios de encuentro entre avatares. Roblox lo juegan a diario más de 150 millones de personas, el 40% de ellas menores de 13 años.
Roblox se ha convertido en un riesgo para la integridad online de los menores. Se ha llenado de contenido extremo abierto a todo el mundo y un punto de encuentro anónimo entre adultos y menores sin ningún tipo de control. Hace unas semanas ha anunciado un reconocimiento facial para detectar la edad de los usuarios y solo dar permisos de comunicación con usuarios de edades similares. Es un intento por esquivar la punta del iceberg, que son los casos de pederastia online, pero el diseño de la herramienta, peleando por la atención sin tener en cuenta el bienestar del usuario, ya supone una amenaza para edades tan tempranas.
La identidad online y las consecuencias del anonimato digital han sido uno de los grandes temas de estudio desde los inicios de las comunicaciones sociales en internet. Los chats como el ICQ o el IRC forman parte de mi adolescencia digital, y fueron un primer contacto con esa extraña sensación de formar parte de un foro donde solo eres lo que TÚ dices que eres. Luego llegaron las redes sociales como MySpace, Facebook o Instagram y lo de construir tu identidad digital empezó a complicarse y a requerir más tiempo que casi el que dedicamos a nuestra vida offline.
Cada uno de esos espacios digitales ha tenido sus reglas, sus riesgos y sus entretenimientos. Resulta difícil como padre o madre el pensar que vas a tener que sumergirte en todos ellos hasta que tus hijos sean capaces de discernir los usos correctos. Personalmente, las redes sociales de cualquier tipo cada vez me producen más problemas. Sin embargo, conviene informarse sobre los principales canales de comunicación de nuestros hijos. Sobre todo con el fin de mantenerles informados sobre la mejor manera de sacarles partido.
Existe tal cantidad de alternativas con las que construir tu identidad digital, que no es necesario hacerlo a través de plataformas potencialmente tóxicas. Incluso se puede sobrevivir siendo adolescente y no teniendo Instagram. Se dan casos, por raros que sean, y por lo que se sabe, están en perfecto estado de salud social. Por mucho que a un joven de 14 años le pueda parecer imposible hoy en día.



